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¿Qué significa ir bien preparado a la oposición?

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Tiempo de lectura: 7 minutos

Una oposición no es un examen convencional

En diversas entradas hemos intentado argumentar que una oposición no debe ser entendida como una sucesión de exámenes al uso (por ejemplo, aquí y aquí). Últimamente nos están escribiendo interesados a los cuales les preocupa, como no podrías ser de otra manera, si podrán llegar bien preparados al primer examen.

La respuesta tiene matices, ya que nos parece que lo que nosotros entendemos por “estar bien preparado” puede diferir un poco respecto a lo que opina alguien que se enfrenta a una oposición por primera vez.

En la presente entrada intentaremos dar una definición de lo que consideramos que debería entenderse por “ir bien preparado” y a partir de ahí sacaremos alguna conclusión.

Qué es llevar bien la oposición, primera aproximación

Empecemos por el final. El año que aprobéis la oposición, ¿cuántos temas os habrá escuchado el tribunal? Seis en total, tres en el escrito y tres en el oral. ¿Cuántos temas tiene el temario? 150. De este modo, seréis funcionarios si y solo sí convencéis al tribunal de vuestra valía con un 4% del temario. Jamás, nadie, os preguntará cuántos temas lleváis a cada examen.

¿Por qué la gente se obsesiona en llevar los 60 o 90 temas de cada examen? Hombre, porque esto no es como el carné de conducir, que puedes presentarte a las dos semanas de haber suspendido. Aquí cada intento fallido implica esperar un año, como poco, para volverlo a intentar. Por este motivo, interesa ir con todos los boletos comprados y que no parezca que estás jugando a la lotería.

Siendo esto cierto, conviene no olvidar que al final el tribunal te aprobará el escrito, por ejemplo, por lo que demuestres saber de 3 temas concretos. Lo que sepas o dejes de saber del resto no es relevante.

¿Qué probabilidades tienes de que puedas escribir tres temas habiéndote estudiado ‘X’? En esta entrada tenéis la gráfica.

Implicaciones de lo anterior

Si fuéramos elfos en lugar de humanos bastaría con tener algo de paciencia, ya que sabiéndote tres temas del escrito (2+1) tienes un 0,008% de probabilidades de que te salgan. Si te estudias 3 temas del oral (1+1+1), la cosa te sale bien un 0,004% de las veces.

De este modo, si no hemos calculado mal, podríais empalmar un escrito y oral en el que salen los únicos tres temas que os sabéis de cada ejercicio en una convocatoria de cada 352.350.000. Demasiadas, incluso para un elfo.

Los números con la mitad de los temas estudiados de cada grupo mejoraran sensiblemente. Solo tardarías unas 15 convocatorias en poder aprobar la oposición. Si cada año metes alguno más, es de esperar que lo consigas antes.

Nota: siempre estamos asumiendo que si te has estudiado los temas que te tocan apruebas. Debería ser así, pero un mal delivery puede hacer que suspendas. Despreciamos los suspensos en el idioma y caso práctico.

La preparación de la oposición es un continuo

Otro factor a tener en cuenta es el expresado en el título de esta sección.

Un curso lectivo, de lo que sea, tiene un calendario claro. Se sabe cuándo se abre la matrícula, cuándo empiezan las clases y cuándo son los exámenes. Si llegas tarde y no te matriculas a tiempo, ya no puedes hacer ese curso en esa convocatoria y hay que esperar a la siguiente.

Esto no se suele dar muchas veces, porque uno suele estar atento a los plazos de los cursos que quiere hacer. La universidad empieza en septiembre y la matrícula se abre en ¿junio? (imagino, ya no recuerdo). Si quieres hacer un MBA, también se sabe cuándo hay que hacer qué cosa y todo el mundo se adapta a ello. Y así con todo.

La preparación de una oposición no es tan así. Es cierto que los grupos tienden a crearse una vez se publica la Oferta de Empleo Público (OEP) y se da una charla informativa, pero no todo el mundo se apunta entonces.

Cada uno se entera de la existencia de las oposiciones en su momento. En esta entrada comentábamos qué cabe hacer en las distintas situaciones que se pueden plantear.

Ahora mismo, según la terminología ahí empleada, estamos en la situación 2. De hecho, podríamos decir que estamos dos veces en esa situación, ya que hay dos OEPs cuya convocatoria todavía no se ha publicado.

Tal y como se comenta en el post enlazado, lo único que procede hacer en esta situación es estudiar con la idea de llegar lo mejor preparado al examen.

Qué es llevar bien la oposición, conclusión

Nuestra definición de qué es llevar bien la oposición es la siguiente:

Alguien va bien preparado a una oposición cuando existe una probabilidad (P) distinta de cero de aprobar el primer examen.

Cada uno fija su probabilidad umbral, no existiendo un valor P estándar o comúnmente aceptado.

La probabilidad de aprobar el examen correlaciona fuertemente con los temas que puedas estudiar y puede obtenerse aquí. No existe una relación lineal por el concepto de ‘delivery’ comentado anteriormente.

A modo orientativo, nosotros decimos que es posible estudiar unos 10 temas al mes. Asumiendo que la convocatoria sale en dos semanas y que desde su publicación hasta el primer examen transcurren unos dos meses y medio, quien se ponga a estudiar mañana tiene, al menos, unos tres meses de estudio. Esto quiere decir que, ahora mismo, en el peor de los casos, la jugada le puede salir bien en un 55% de los casos. Si la cosa se alarga un mes más, estaríamos hablando de un 80%.

Por lo tanto, el hecho de empezar a estudiar antes o después condiciona en el número de temas que cada uno llevará al examen. De este modo, quien los lleve todos sabe que, pase lo que pase, hará el examen. El que no los lleve sabe que dependerá de la suerte, en mayor o menos medida.

Ahora bien, si ambas personas, una vez que salen los temas, pueden escribir 3 de ellos, automáticamente se han puesto al mismo nivel. A partir de ahí ya no importa cuántos temas había estudiado cada uno.

Caso particular, aquellos que solo contemplan el caso P=1

Una postura tremendamente lícita es la de aquellos que piensan “yo, si me meto, voy a ganar”. Dicho de otro modo, solo contemplan P=1. Siendo un planteamiento que comprendemos, no lo podemos compartir.

En primer lugar, porque en una oposición, y, en términos generales, en la vida, no hay certezas. Como ya se ha dicho, te puedes saber los temas perfectamente, pero igual surge un imponderable el día del examen que lo echa todo al traste. O no controlas bien el tiempo de escritura y dedicas más de dos horas al primer tema, por lo que lo vas tener complicado para remontar en lo que queda de examen. O, simplemente, no te los sabes tan bien como crees.

Dado que las categorías son ‘estoy seguro’ / ‘no estoy seguro’ y ‘estoy seguro’ no es posible, no vemos, conceptualmente, mucho la diferencia entre un 99% de poder aprobar y un 66%, por poner un ejemplo.

En segundo lugar, hay un coste de oportunidad que no conviene despreciar. Dicho de otro modo, vale, a esta no llegas, pero, ¿quién te asegura que a la siguiente sí que vas a ir bien preparado?

Para aquellos que no sean conscientes todavía, estamos hablando de esperar un año entero, como poco, y muchas cosas pueden pasar ese periodo de tiempo.

Supongamos que todo va bien. Primera pregunta: ¿cuándo tienes previsto empezar a estudiar para la próxima convocatoria? ¿Vas a empezar ahora a preparar un examen que será, con suerte, en un año? ¿Mejor esperamos un tiempo para no quemarnos? ¿Cuánto tiempo? A ver si va a resultar que cuando te quieras poner te vas a dar cuenta que tampoco llegas y estamos en lo mismo, pero un año después.

Una tercera cuestión sería pensar en que la oposición no es solo el primer examen. Hay cuatro en total y lo normal es aprobarlos todos del tirón. Podría suceder que pasar el primero sea una victoria pírrica, ya que entonces te ves obligado a estudiar el oral en el tiempo que te dan (unos 6 meses) para no tirar a la basura todo el esfuerzo realizado. ¿Cómo crees que vas a estar mejor preparado para abordar esta situación? ¿Habiéndote metido 60 temas en 9 meses o 35 en algo más de 3?

Para finalizar, tener una probabilidad distinta de 1 no significa que vayas a suspender seguro.


Salgámonos un poco por la tangente y pongamos un par de ejemplos para clarificar lo dicho hasta el momento. Como se podrá ver, soy víctima del año en el que nací. Espero que aquellos que sean más jóvenes puedan trasladar ambos casos a su realidad. Siento también el heteropatriarcado rampante que sobrevuela en ambas situaciones. No he sido capaz de encontrar ningún ejemplo inclusivo.

Certezas que no valen para nada

¿Cuántos anillos de compromiso han acabado en la basura? Seguramente muchos, y eso que el chico siempre creía que ella le iba a decir que sí.

Lo mismo pasa con los que creen que llevan la oposición de calle. Alguno habrá que se pegue la hostia.

Riesgos que merece la pena correr

Tú la miras, ella te mira. Sigues hablando con los colegas. La vuelves a mirar y te vuelve a mirar.

¿Probabilidades de que la cosa vaya bien? Depende de lo flipado que seas en estas cosas (quien no ha tenido un amigo que cree que todas le miran), pero si eres alguien razonablemente ecuánime, alguna hay. ¿Cuántos no habrán acabado casados y con hijos conociéndose así?


Moraleja

Opositar al final tiene mucho de acto de fe. Te metes porque crees que te va a salir bien. Nunca defenderemos que alguien empiece a opositar sin tener ni idea de las reglas del juego al que va a jugar, pero, seguramente, la decisión de ponerse a ello tiene un componente irracional nada desdeñable. Más que nada también porque si no se decide así hay un riesgo real de caer en la parálisis por el análisis.

La presente entrada no pretende convencer a nadie. Solo quiere poner de manifiesto que la vida al final implica riesgo. Tan arriesgado es opositar como dejar de hacerlo. Cada uno tendrá que elegir según sus circunstancias personales.

Mucho ánimo a todos.

Contacto y comentarios

Como siempre, puedes ponerte en contacto con nosotros aquí para tratar el contenido de este post o cualquier otro relacionado con la oposición.

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