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Oposición: examen o proceso selectivo

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Tiempo de lectura: 6 minutos

No hay una respuesta clara

¿Qué es exactamente una oposición? ¿Una serie de exámenes? ¿Un proceso selectivo un poco particular? ¿Una combinación lineal de ambas cosas? En caso de ser así, ¿qué prima más?

Sinceramente, ni la más remota idea, pero lo que nos gustaría que quedara claro al final de este post es que hay que tener en cuenta que es una mezcla de ambas cosas y no se puede olvidar si pretendes pasar el mínimo tiempo posible intentando ser funcionario.

Definiciones

Antes de hablar de si la oposición son exámenes o un proceso selectivo, definiremos ambos conceptos.

Lo haremos sencillo. En esta entrada consideraremos que en un examen se valoran conocimientos y en un proceso selectivo competencias y habilidades.

La oposición como un examen

Decir que la oposición no es un examen, teniendo en cuenta que la mayor parte del tiempo lo vas a pasar estudiando, puede resultar algo temerario.

Efectivamente, las pruebas se pueden llamar exámenes, ya que se ponen notas y la gente aprueba o suspende, aunque en la convocatoria se refiere a ellos como “ejercicios”. Si miramos la definición en el DRAE, la diferencia parece ser más de terminologica que no de fondo.

De este modo, aplicando el famoso test del pato, es decir, “Si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato”, la oposición, probablemente, sea una serie de exámenes.

Ahora bien …

La oposición consta de cuatro pruebas, dos de ellas con temario y las otras dos sin él.

En las del temario podría uno pensar que prevalece la componente de examen.

En las que no lo tienen igual predomina más la componente de entrevista de trabajo.

Vamos a ver.

Exámenes con temario (escrito y oral)

Como ya escribimos aquí, un examen convencional no es lo mismo que un examen de oposición. Se recomienda su lectura antes de seguir con este post.

Algo que no se comentaba expresamente allí es el hecho de seleccionar qué contar a la hora de abordar un tema dado y cómo desarrollarlo de forma escrita u oral. Intentaremos ahora desarrollar esta idea para ver si estas dos pruebas pueden tener algún componente de proceso selectivo.

Hasta donde sabemos, ninguna academia da las siguientes indicaciones a la hora de estudiar un tema:

Te damos este material. Tiene el contenido justo y necesario. Si te lo aprendes de memoria y lo repites tal cual te lo hemos entregado el día del examen, te garantizamos que apruebas.

Este enfoque tiene, como poco, algunas lagunas. Entre ellas, las siguientes:

  • Te están obligando a estudiar el tema de memoria.
  • La academia está decidiendo por tí qué decir de cada tema y cómo hacerlo.
  • Si te olvidas de algo, solo queda la nada.
  • No hay información de contexto para poder comprender mejor qué se está diciendo.
  • No todo el mundo escribe o habla al mismo ritmo.

Analicemos cada una de ellas.

Tirar de fuerza bruta

Si hay algo que nosotros recomendamos es que hay que entender los temas, todos. Pretender saberse de memoria 60 o 90 temas puede ser agotador.

Por otro lado, es bastante probable que, si solo has memorizado, cuando repases el tema mucho se te haya olvidado.

No nos parece la mejor manera de sobrellevar la oposición.

Qué hay que contar

Vayamos a los clásicos: Caperucita Roja. Si alguien quiere contar este cuento tiene que mencionar, al menos bajo nuestra perspectiva, lo siguiente:

  • Una niña vestida de rojo que va a ver a su abuelita.
  • Un lobo con hambre.
  • Una abuelita algo imprudente y/o ingenua.

Dicho esto:

  • Lo que lleve en la cesta Caperucita es un poco lo de menos.
  • De dónde salga ella y donde viva la abuelita, tampoco es relevante.
  • Cómo engañe el lobo a la abuelita para meterse en su cama carece de importancia.
  • Si vamos a apurar, no creemos que sea vital que el lobo se coma o no a la señora.
  • Sobre la conversación entre Caperucita y el lobo, la idea transmitir es que ella no acaba de ver claro que el que está en la cama sea su abuela. Las preguntas concretas se pueden improvisar.
  • Por último, si ya lo llevamos todo al límite, lo importante es que al final la abuela y la niña se reencuentren. Tampoco hay que matar a un pobre animal que, al fin y al cabo, lo único que hace es seguir su instinto.

Todas las academias te contarán su visión del cuento, pero hay un cierto margen para decir otras cosas.

Cómo hay que contarlo

No hay una manera única de narrar una historia.

A modo de ejemplo, casi todas la películas siguen un modelo tradicional de introducción, nudo y desenlace. Sin embargo, Pulp Fiction cuenta la historia de otra manera y al final todo se acaba entendiendo.

De este modo, hay diferentes opciones para abordar cualquier tema. Algunas de ellas son las siguientes:

  • Repetir el contenido del tema tal cual te lo han dado en la academia.
  • Exponer los hechos que recoge el tema que puedas tener, añadiendo alguna conclusión que se pueda extraer de ellos.
  • Relacionar el tema con un entorno más general o con temas del mismo ámbito.

Ninguna opción es mejor que la otra. Son todas válidas. Hemos oído temas muy buenos y muy malos de las tres categorías.

Lo frágil de la memoria

Si te dan un texto que con él cubres exactamente los 90 o 20 minutos, si olvidas de algo, no hay con qué rellenar ese hueco. No hay fondo de armario. La cosa cambia si en algún momento has tenido acceso a algo más de información.

El contexto

Tiremos de ejemplos viejunos. Pongámonos en los 90. Te acabas de sacar el carné, con un coche de inyección electrónica. Tus padres te dejan el coche, un R-5. Hace frío y hace tiempo que nadie lo mueve. Imaginemos la conversación:

  • Padres: “¿Sabrás arrancarlo?”
  • Tú: “Claro, ¿qué problema puede haber?”
  • Padres: “Pues que el coche estará frío y tendrás que poner el estarter. ¿Sabes hacerlo?”
  • Tú: “Claro. Tiro de él, giro la llave y el coche arranca”

Apuestas: arrancas el coche a la primera, ¿sí o no?

Tampoco vamos a decir aquí que encender un coche tirando de estarter sea algo al alcance de muy pocos, pero sí que es cierto que hace falta tener algo de práctica. Si no le dabas lo suficiente, el coche no arrancaba. Si tirabas demasiado, lo podías ahogar.

¿Lo que has dicho es falso? En absoluto. Es un buen resumen de lo que hay que hacer. Ahora bien, uno puede imaginar que lo que has dicho se lo has oído a alguien, que no lo has hecho nunca y que no sabes lo que te puede pasar.

Algo parecido pasa con los temas. Hay ciertas cosas que se deben explicar con una extensión suficiente, con el fin de que cada uno saque su propia conclusión, que, quizá, acaba siendo “tiro de él, giro la llave y el coche arranca”.

La velocidad

Hay gente que escribe lento y otros que escriben rápido. No son chusma (segunda acepción del DRAE). Todos no tienen que remar al unísono. Cada uno puede tener su propio ritmo.

Conclusiones de todo lo anterior

Si aceptamos como válido que los temas que uno estudia no se pueden limitar a lo justo y necesario que uno puede escribir en 90 minutos o hablar en 20, lo que está claro es que el opositor tiene que valorar qué decir y cómo hacerlo.

Cada uno debería optar por lo que considera más relevante y exponerlo de la forma que entienda que queda más claro.

Esto, a nuestro modo de ver, ya es algo valorable, ya que, de algún modo, pone de manifiesto tu criterio y cómo estructuras el discurso.

Evidentemente, hay que estudiar, pero sobre todo debería haber un ejercicio consciente de cómo has elegido afrontar el tema.

Y no todo el mundo lo hace igual.

Por todo lo anterior, la oposición, en estos exámenes, tiene un componente de entrevista de trabajo que no conviene descuidar.

Exámenes sin temario (idioma y caso práctico)

El enfoque en cada prueba es algo diferente. Analicemos cada uno de ellos.

Idioma

Como comentamos aquí, una posible justificación del examen de inglés es comprobar si, dada un reunión en inglés en Bruselas, por ejemplo, entenderéis lo que se ha dicho, pudiendo redactar un informe o el acta al llegar al ministerio, y si podréis defender la postura española en ella.

Siendo esto así, tu nivel es importante, pero quizá lo es más tu capacidad de llevar a cabo las tareas descritas en el párrafo anterior.

Caso práctico

En una de nuestras primeras entradas catalogábamos los distintos tipos de casos en tres tipos:

  1. Aquellos en los que había que saber leer y escribir.
  2. Aquellos en los que había que saber sumar y restar.
  3. Aquellos en los que había que saber cocinar con la receta delante.

Con el tiempo transcurrido hemos ido un paso más allá.

Ahora consideramos que el resultado que se obtiene con el caso práctico no sería muy diferente al que se obtendría con un test psicotécnico en el cual se midieran variables como la tolerancia al estrés, lo resolutivo que es cada uno, la capacidad de controlar el tiempo y otro tipo de variables ligadas a la situación en la que un opositor se encuentra ese día. Es decir, en una sala con más gente que, como él, llevan al menos un año esforzándose para llegar a esa prueba, sabiendo que no todos van a aprobar y sorprendidos por un ejercicio que, tras la primera lectura, no tienen ni idea de cómo solucionarlo.

Bajo esta perspectiva, el caso práctico se ve de otra manera.

Conclusiones

Empecemos por lo obvio. Si quieres ser funcionario, tienes que asumir que te va a tocar estudiar mucho. Lo sentimos, no conocemos otra manera para lograrlo. El que te diga lo contrario, te está mintiendo.

Efectivamente, la oposición es una sucesión de exámenes.

Sin embargo, tienes que elegir cómo vas a asumir y abordar este proceso. Esta tarea la llevarás a cabo a través de tu forma de ver el mundo, comprenderlo y actuar en él.

Al final te valorarán por el paquete completo.

De este modo, nunca sabremos si al final una oposición es más un examen o un proceso selectivo algo particular.

Contacto

Como siempre, puedes ponerte en contacto con nosotros aquí para tratar el contenido de este post o cualquier otro relacionado con la oposición.

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