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Un opositor ideal

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Una de cal y otra de arena

Tras una entrada anterior, en la que hablábamos de cómo entendíamos que debería ser un tribunal ideal, consideramos que también es necesario hacer lo mismo con los opositores y hablar de cómo entendemos que deberías ser un opositor ideal.

Para aquellos que no tenga ni tiempo ni ganas de leer todo lo que sigue, el resumen es el siguiente: tú eres el responsable lo que te pueda pasar, por lo que tienes que tenerlo todo previsto. Además debes tener claro a qué juego estás jugando, entendiendo como juego lo que se describe aquí. Por último, has de creer que puedes aprobar.

Después de hacer amigos, quizá, con los de un lado de la oposición, toca hacerlo ahora con los del otro.

Mentalidad ganadora

No todos los que deciden opositar al final consiguen ser funcionarios. Muchos caen por el camino. Si miramos los datos, de todos los que firman, aprueba 1 de cada 10, y, de los que hacen el primer examen, 1 de cada 7, aproximadamente.

¿No aprueban porque no tienen la capacidad para hacerlo? En absoluto.

Esto último ha de quedar perfectamente claro. Todo el mundo que se presenta a la oposición puede aprobarla. Si no lo consigue es por otros motivos, pero nunca problemas de capacidad intelectual. Hablamos de ello, por ejemplo, en esta otra entrada.

¿Por qué decimos esto? Porque hemos conocido casos de personas que, en nuestra opinión, iban con miedo porque no se veían capaces o no creían que lo podían conseguir. Si en circunstancias normales este viaje puede ser duro ya, imaginaros cómo será si creéis que jamás llegareis a Ítaca.

Es normal tener miedo. Ahora bien, pasado un cierto punto convendría pedir ayuda a especialistas.


Aclarado este aspecto general, pasemos a analizar la oposición propiamente dicha.

Pruebas a superar

Simplificando mucho, todos los que quieran ser Ingenieros Industriales del Estado deberán pasar por lo siguiente:

  • Escribir durante 4 horas y media 3 temas de entre 6 seleccionados al azar.
  • Leer, en sesión pública, lo que has escrito, cuando probablemente no recuerdes nada lo que pusiste.
  • Tomar notas para hacer el resumen de algo que te van a leer y hacer una traducción, todo ello en inglés y en dos horas.
  • Leer lo anterior y responder unas preguntas, en sesión pública, sobre lo que te leyeron y tuviste que traducir.
  • Exponer oralmente, en sesión pública, en una hora como máximo 3 temas, cada uno de ellos seleccionados entre 30 posibles.
  • Responder dudas sobre lo expuesto anteriormente.
  • Tras, quizá, más de un año de haberte metido en este jardín, como colofón, resolver un caso práctico con todos aquellos que queréis ser funcionarios, siendo consciente de que, probablemente, no todos vayáis a aprobar. Además, la solución del caso nunca parece ser obvia en una primera lectura.

Teniendo esto claro, a continuación analizaremos cada etapa y qué debería tener perfectamente asumido cualquier opositor.

Escribir durante 4 horas y media 3 temas escogidos de 6 seleccionados al azar

Resulta obvio, pero nunca está de más recordarlo. Si todos vais a escribir sobre lo mismo, parece estar claro que quien quiera aprobar deberá estar por encima de la media. Dicho de otro modo, quien lleve temas con pinzas, deberá ser consciente que el tiempo dedicado a estudiar esos temas no le vale para nada. Hay que llevar los temas con suficiente contenido.

Los temas no se valoran al peso, es decir, la nota no correlaciona con lo que cada uno ha estado leyendo su examen. Estar leyendo tu examen más de 40-45 minutos no te garantiza el aprobado, por mucho de que haya gente (academias) que lo diga. De este modo, habrá que preocuparse por aportar valor y no ceñirse a lugares comunes.

Está comúnmente aceptado que se valora un equilibrio en la exposición de los temas. De este modo, lo suyo es dedicar a cada tema unos 90 minutos. Hay margen para desviarse, por supuesto. No tenemos claro el límite, pero, quizá, hacer un tema en más de dos horas provoque el suspenso, con independencia de cómo estén hechos los otros dos.

Por último, está claro que si no llevas todos los temas, hay una posibilidad más o menos alta de que te tengas que levantar. Con 45 temas, según nuestros cálculos, tienes más de un 90% de probabilidades de que te salgan 3 de los tuyos. Esto lo que quiere decir es que de 10 veces que vayas, 9 veces te saldrá bien la jugada, pero en un caso no. ¿Cuándo se producirá ese evento? No se sabe, pero igual te pasa la próxima vez que te examines. Por tanto, si es posible, mejor llevar todos los temas. En el caso de los repetidores, lo consideramos casi obligatorio.

Como conclusión, podríamos decir un opositor podrá tener problemas si cae en alguna de estas actuaciones:

  • Llevar temas sin un contenido suficiente.
  • No desarrollar los temas de forma razonablemente equilibrada.
  • No llevar todos los temas (57 en realidad).

Leer, en sesión pública, lo que has escrito cuando probablemente no recuerdes nada de lo que pusiste

Si vas a leer algo cuando seguramente ya no te acuerdas nada de lo que pusiste, parece tener sentido asegurarse que vas a ser capaz de hacerlo. No estamos diciendo que dediquéis parte de vuestra preparación rehaciendo los cuadernos Rubio, pero sí que intentéis ser claros.

La claridad aplica tanto a la parte visual como a la intelectual, es decir, además de entender vosotros lo que habéis escrito, ellos han de entender lo que habéis querido decir.

No todo el mundo es hábil redactando. Dada la naturaleza del examen, y del trabajo que quereis desempeñar, os garantizamos que cuanto antes aprendais a redactar razonablemente bien, mejor para todos.

La presencia física no se ha percibido nunca como algo especialmente relevante. No obstante, conviene ir presentable. Sobre qué significa “presentable”, nos referiremos a uno de los mejores correos que el que suscribe recibió mientras trabajaba en una consultora americana, sobre el código de etiqueta “business casual”. Después de un sesudo análisis de qué era y qué no era business casual, el correo acababa diciendo: “si usted duda si algo es o no businees casual, NO es business casual”. Aquí aplicaría lo mismo.

Por último, las sesiones son públicas. Generalmente no va gente a las lecturas y si van son pocos. No obstante, conviene tener presente que igual van a verte.

Por tanto, uno se puede meter en un problema si:

  • Tiene muy mala letra y no entiende lo que ha escrito.
  • La redacción no es clara y cuesta mucho entender lo que se quiere decir.
  • La presencia de extraños le hace perder la capacidad de habla.

Tomar notas para hacer el resumen de algo que te van a leer y hacer una traducción, todo ello en inglés

La parte más relevante de todo esto es la parte de “inglés”. Si no te consideras especialmente hábil con ese idioma, lo más seguro es que tendrás problemas en el examen. De este modo, lo primero a hacer es mejorar tu nivel.

Tomar notas no es algo trivial, sobre todo cuando en base a eso hay que escribir algo coherente. Conviene practicarlo antes, ya que es bastante habitual, por ejemplo, poner palabras o frases que luego resulta complicado enlazarlas con el resto del texto.

En este contexto traducir no suele suponer una traducción literal. Basta con transmitir las ideas fundamentales. Para ello, tener una buena comprensión lectora y algo de vocabulario ayuda.

De nuevo, los posibles orígenes de los problemas son los siguientes:

  • Tener muy poco nivel de inglés.
  • Tomar notas inconexas.
  • Vocabulario escaso y poca comprensión lectora.

Leer lo anterior y responder unas preguntas, en sesión pública, sobre lo que te leyeron y tuviste que traducir

En todo lo que tenga que ver con la parte de leer, nos referimos a la anterior sección de este post.

Sobre la parte de las preguntas, conviene entender qué te han preguntado antes de lanzarse de decir lo que sea. Una vez comprendido, conviene decir lo que sea de tal modo que se pueda valorar un conocimiento del inglés. De este modo, responder siempre con monosílabos quizá no es una buena idea. Como mucho quedará claro que les has entendido.

Responder a una pregunta que no te han hecho tampoco parece una buena práctica. Hablar de más tampoco es que sea malo, pero conviene no abusar de ello.

Por último, dado que los temas son conocidos, no llevar nada preparado quizá no es buena idea, sobre todo para aquellos que no tengan mucho nivel.

Por tanto, son cosas a evitar las siguientes:

  • Empezar a responder sin saber qué decir.
  • Responder con monosílabos.
  • Ir sin preparación ninguna.

Exponer oralmente, en sesión pública, en una hora como máximo 3 temas, cada uno de ellos seleccionados entre 30 posibles

En este examen la comparación entre el contenido de los temas de un opositor con otro es más complicado, ya que relativamente difícil que en una semana se repitan dos temas (bueno, en realidad es bastante alta, pero a los efectos de la posible comparación del contenido de un opositor, irrelevante).

De este modo, sale más a cuenta llevar todos los temas como sea que no hacerlo por llevar los que lleves un poco mejor. Dado que esta frase puede resultar algo polémica lo ilustraremos con un ejemplo.

Supongamos dos situaciones:

  • Te vas a dejar sin estudiar 10 temas de cada grupo.
  • Lo mismo, pero con 2.

Asumiremos que la planificación está bien hecha y que el entregable que puedes producir es algo digno, pero no para tirar cohetes. La pregunta sería, ¿merece la pena intentar estudiar los 10 o 2 temas que te faltan?

Con 20 temas por grupo, la cosa te sale bien 3 veces de cada 10 ((20/30)^3). Con 28, 8 de cada 10 ((28/30)^3). Ahora bien, si te has estudiado 28 temas, estudiarte 2 más (un 7% más de temas) no parece que vaya a penalizar en exceso la calidad de lo que ya tienes y así te garantizas cantar los tres temas, salga lo que salga. Otra cosa es meterse 10 más cuando solo has podido hacerlo con 20.

No sabemos dónde está el umbral para intentar llevarlos todos. Lo que sí está claro que si te faltan 3 o menos temas, intenta estudiarlos.

La exposición oral entendemos que se ha practicado durante la preparación, por lo que no entraremos en ello.

El último factor a tener en cuenta es la posible asistencia de público. Si eres de los primeros en la lista de notas, no es descartable que la gente quiera ir a ver cómo lo haces. Es cierto que no hay ninguna garantía de que lo vayas a hacer bien, pero, puestos a ir a ver a alguien, parece razonable ir a ver a quien lo está haciendo bien en lo que va de oposición. Históricamente la cosa no pasaba de las 3-4 personas, pero no es descartable que algún año puedan ir más. Admitimos que puede impresionar ver tanta gente que quiere escucharte, pero entra dentro de lo posible y tanto el tribunal como el opositor lo tienen que tener previsto.

En el examen oral, de este modo, las siguientes cosas pueden ir mal:

  • Que el público te desconcentre.
  • Creer que raro será que me salga uno de los ‘n’ temas que no me he estudiado y salga.
  • Que el contenido de los temas sea insuficiente o, siendo suficiente, no se te entienda lo que quieres decir.

Responder dudas sobre lo expuesto anteriormente

Responder preguntas es todo un arte. Al final todo pasa por tener claro qué te han preguntado, decidir qué quieres decir y decirlo.

No queda claro el papel de las preguntas tras la exposición de los temas. No obstante, lo suyo sería intentar que lo pase en esos 10 minutos no desentone demasiado con lo que ha pasado antes.

De este modo, consideramos que son cosas a evitar las siguientes:

  • Ponerse a hablar sin haber entendido lo que te preguntaban.
  • Decir lo primero que se te pasa por la cabeza.

Resolver un caso práctico con todos aquellos que queréis ser funcionarios, siendo consciente que probablemente no todos vayais a aprobar

Lo que consideramos fundamental dejar claro en este punto es que el caso es el mismo para todos y la gran mayoría de los que van al examen lo acabarán aprobando. En la OEP2018 aprobó un 84% de la gente que iba al examen.

Estará mejor o peor puesto, será más fácil o más difícil, estarás más o menos nervioso, será la primera vez que te presentas o quizá no. Da un poco igual. Hay que garantizarse el sobrevivir a él como quiera que sea.

Por lo tanto, son posibles fuentes de problemas:

  • Con todos los matices posibles, todo aquello que no se corresponda con el patrón de conducta que se cita en este tweet.

Conclusiones

Hay mucha gente que opina que para aprobar una oposición solo hay que estudiar mucho. No podemos negar que el factor de estudio es muy relevante.

Ahora bien, como creemos haber demostrado, no es lo único que importa. Hay toda una serie de factores adicionales a tener en cuenta, los cuales pueden no parecer obvios en un primer análisis.

No hemos hablado de todos ellos, pero a través de los comentarios podéis incluir cualquier otro que consideréis relevante, siendo posible que actualicemos la entrada gracias a ellos.

La Academia T.E. en su preparación no solo se preocupa del estudio de los temas. Además se preocupa de todos estos factores adicionales, con el fin de que nuestros alumnos estén bien preparados ante cualquier eventualidad que pueda surgir.

Contacto

Como siempre, puedes ponerte en contacto con nosotros aquí para tratar el contenido de este post o cualquier otro relacionado con la oposición.

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